La Divina Comedia
La Divina Comedia y a aquella dignidad ya nunca vuelve
si no llena el vacío de la culpa
con justas penas contra el mal deleite.
Vuestra naturaleza, al pecar tota
en su simiente, de estas dignidades,
como del paraíso, fue apartada;
sin poder recobrarla, si lo piensas
bien sutilmente, por ningún camino
que por estos dos vados no atraviese:
o que Dios solo generosamente
perdonara, o el hombre por sí mismo
diese satisfacción de su locura.
Ahora clava la vista en el abismo
del eterno saber, a mis palabras
cuanto puedas atentamente fijo.
No podría en sus límites el hombre
satisfacer, pues no puede ir abajo
luego con humildad obedeciendo,
cuanto desobediente quiso alzarse;
y es esta la razón que incapacita
a reparar al hombre por sí mismo.
A Dios, pues, convenía con sus medios
al hombre devolver la vida entera,
con uno digo, o con los dos acaso.
Mas pues la obra es tanto más querida
por quien la hace, cuanto más nos muestra
el pecho bondadoso del que sale,