La Divina Comedia
La Divina Comedia sino Oriente, si quiere ser exacto.
No se hallaba del orto muy distante,
cuando a la tierra por su gran virtud
logró hacer que sintiese algún consuelo;
que por tal dama, aún jovencito, en guerra
con su padre incurrió, a la cual las puertas
del gozo, cual a muerte, no abre nadie;
y ante toda su corte espiritual
et coram patrem a ella quiso unirse;
luego la amó más fuerte cada día.
Ésta, privada del primer marido,
mil cien años y más vivió olvidada
sin que nadie, hasta aquél, la convidase;
no valió oír que al lado de Amiclates
segura la encontró, al oír sus voces,
aquel que fue el terror del mundo entero;
ni le valió haber sido tan constante
y firme, que al quedar María abajo,
ella sobre la cruz lloró con Cristo.
Pero para no hablarte tan oscuro,
Francisco y la Pobreza estos amantes
has de saber que son de los que te hablo.
Su concordia y sus rostros tan felices,
amor y maravilla y gestos dulces,
inspiraban muy santos pensamientos;
tanto que aquel Bernardo venerable
se descalzó, y detrás de tanta paz