La Divina Comedia
La Divina Comedia Con esta distinción oye mis dichos;
y así casan con eso que supones
de nuestro Gozo y del padre primero.
Plomo a tus pies te sea este consejo,
para que andes despacio, como el hombre
cansado, al sí y al no de lo que ignoras:
pues es de los idiotas el más torpe,
el que sin distinguir niega o afirma
en el uno o el otro de los casos;
puesto que encuentra que ocurre a menudo
que sea falsa la opinión ligera,
y la pasión ofusca el intelecto.
Más que en vano se aparta de la orilla,
porque no vuelve como se ha marchado,
el que sin redes la verdad buscase.
Y de esto son al mundo claras muestras
Parménides, Meliso, Briso, y muchos,
que caminaban sin saber adónde;
Y Arrio y Sabelio y todos esos necios,
que deforman, igual que las espadas,
la recta imagen de las Escrituras.
No se aventure el hombre demasiado
en juzgar, como aquel que aprecia el trigo
sembrado antes de que haya madurado;
que las zarzas he visto en el invierno
cuán ásperas, cuán rígidas mostrarse;
y engalanarse luego con las rosas;