La Divina Comedia
La Divina Comedia el refrigerio de la eterna lluvia.
Que al uno y dos y tres que siempre vive
y reina siempre en tres y en dos y en uno,
nunca abarcado y abarcando todo,
tres veces le cantaba cada una
de esas almas con una melodía,
justo precio de mérito cualquiera.
Y escuché dentro de la luz más santa
del menor círculo una voz modesta,
quizá cual la del Ángel a María,
responder: «Cuanto más dure la dicha
del paraíso, tanto nuestro amor
ha de esplender en tomo a estos vestidos.
De nuestro ardor la claridad procede;
por la visión ardemos, y esa es tanta,
cuanta gracia a su mérito se otorga.
Cuando la carne gloriosa y santa
vuelva a vestirnos, estando completas
nuestras personas, aún serán más gratas;
pues se acrecentará lo que nos dona
de luz gratuitamente el bien supremo,
y es una luz que verlo nos permite;
por lo que la visión más se acrecienta,
crece el ardor que en ella se ha encendido,
y crece el rayo que procede de éste.
Pero como el carbón que da una llama,
y sobrepasa a aquella por su brillo,