La Divina Comedia
La Divina Comedia de forma que es visible su apariencia;
así este resplandor que nos circunda
vencerá la apariencia de la carne
que aún está recubierta por la tierra;
y no podrá cegarnos luz tan grande:
porque ha de resistir nuestro organismo
a todo aquello que cause deleite.»
Tan acordes y prontos parecieron
diciendo «Amén» el uno y otro coro,
cual si sus cuerpos muertos añoraran:
y no sólo por ellos, por sus madres,
por sus padres y seres más queridos,
y que fuesen también eternas llamas.
De claridad pareja entorno entonces,
nació un fulgor encima del que estaba,
igual que un horizonte se ilumina.
Y como a la caída de la noche
nuevos fulgores surgen en el cielo,
ciertos e inciertos ante nuestra vista,
me pareció que en círculo dispuestas
unas nuevas sustancias contemplaba
por fuera de las dos circunferencias.
¡Oh resplandor veraz del Santo Espíritu!
¡qué incandescente apareció de pronto
a mis ojos que no lo soportaron!
Mas Beatriz tan sonriente y bella
se me mostró, que entre aquellas visiones