La Divina Comedia
La Divina Comedia viendo en aquel albor radiar a Cristo.
De un lado al otro y desde arriba a abajo
se movÃan las luces y brillaban
aún más al encontrarse y separarse:
asà aquà vemos, rectos o torcidos,
lentos o raudos renovar su aspecto
los corpusculos, cortos y más largos,
moviéndose en el rayo que atraviesa
la sombra a veces que, por protegerse,
dispone el hombre con ingenio y arte.
Y cual arpa y laúd, con tantas cuerdas
afinadas, resuenan dulcemente
aun para quien las notas no distingue,
tal de las luzes que allà aparecieron
a aquella cruz un canto se adherÃa,
que arrebatóme, aun no entendiendo el himno.
Bien me di cuenta que era de altas loas,
pues llegaba hasta mi «Resurgi» y «Vinci»
como a aquel que no entiende, pero escucha.
Y me sentÃa tan enamorado,
que hasta ese entonces no hubo cosa alguna
que me atrapase en tan dulces cadenas.
Tal vez son muy atrevidas mis palabras,
al posponer el gozo de los ojos,
que si los miro, cesan mis deseos;
mas el que sepa que los cielos vivos
más altos más acrecen la belleza,