La Divina Comedia
La Divina Comedia de previsión por ello debo armarme,
y si el lugar más amado me quitan,
yo no pierda los otros por mis versos.
Por el amargo mundo sempiterno,
y por el monte desde cuya altura
me elevaron los ojos de mi dama,
y en el cielo después, de fuego en fuego,
aprendí muchas cosas, que un agriado
sabor daría a muchos si las cuento;
mas si amo la verdad tímidamente,
temo perder mi fama entre esos hombres
que a nuestro tiempo han de llamar antiguo.»
La luz donde reía mi tesoro,
que allí encontré, centelleó primero,
como al rayo de sol un áureo espejo;
después me replicó: «Sólo a una mente,
por la propia vergüenza o por la ajena
turbada, será brusco lo que digas.
No obstante, aparta toda la mentira
y pon de manifiesto lo que has visto;
y deja que se rasquen los sarnosos.
Porque si con tu voz causas molestia
al probarte, alimento nutritivo
dejará luego cuando lo digieran.
Este clamor tuyo hará como el viento,
que las más altas cumbres más golpea;
y esto no poco honor ha de traerte.