La Divina Comedia
La Divina Comedia Y contemplé sus luces tan serenas,
tan gozosas, que a los demás vencía
su semblante y al último que tuvo.
Y como por sentir mayor deleite
obrando bien, el hombre día a día
se da cuenta que aumenta su virtud,
así yo me di cuenta que girando
junto al cielo mi círculo crecía,
viendo aún más luminoso aquel milagro.
Y como se transmuta en poco rato
en blanca la mujer, cuando su rostro
de la vergüenza el peso se descarga,
tal fue en mis ojos, cuando me volví,
por su blancura la templada estrella
sexta, que en ella habíame acogido.
Yo vi en aquella jovial antorcha
el destellar del amor que allí estaba
signando el alfabeto ante nosotros.
Y cual aves que se alzan de la orilla,
casi alabando ya el haber comido,
hacen bandadas largas o redondas,
así en las luces las santas criaturas
al revolotear iban cantando,
haciéndose una D, una I, una L.
Al compás de su canto se movían;
y al formar luego uno de aquellos signos,
callaban deteniéndose un momento.