La Divina Comedia
La Divina Comedia ¡Oh pegasea diosa, que a los sabios
los haces gloriosos y longevos,
y ellos contigo a reinos y a ciudades,
ilústreme tu ayuda, y haz que muestre
tal como aparecieron sus figuras:
y en breves versos tu poder demuestra!
Se me mostraron cinco veces siete
unas vocales y otras consonantes;
y en cuanto se formaban las leía.
«DILIGITE IUSTITIAM», verbo y nombre
fueron los que primero se formaron;
«QUI IUDICATIS TERRAM», las postreras.
Luego en la eme del vocablo quinto
ordenadas quedaron; y tal plata
bañada en oro Júpiter lucía.
Y vi otras luces que a la parte alta
bajaban de la eme, y se quedaban
cantando, creo, el bien que las traía.
Luego, como al chocar de los tizones
ardientes, surgen chispas a millares,
donde los necios suelen ver augurios,
pareció que de allí surgían miles
de luces que subían, mucho o poco,
tal como el sol que las prendió dispuso;
y en su lugar ya quietas cada una,
vi de un águila el cuello y la cabeza
representada en el fulgor distinto.