La Divina Comedia
La Divina Comedia Quien pinta allí no tiene quien le guíe,
sino que guía, y de aquél se origina
la virtud que a los nidos da su forma.
Las otras beatitudes, que dichosas
de enliliarse en la ema parecieron,
moviéndose siguieron la figura.
¡Oh dulce estrella, cuáles, cuántas gemas
me demostraron que nuestra justicia
es efecto del cielo que tú enjoyas!
Y yo pido a la mente en que comienza
tu virtud y tu obrar, que vuelva a ver
de dónde sale el humo que te nubla;
tal que se encolerice nuevamente
del comprar y el vender dentro del templo
murado con milagros y martirios.
¡O milicia de cielo que ahora miro,
ruega por los que se hallan en la tierra
detrás del mal ejemplo desviados!
Antes se hacía con armas la guerra;
y ahora se hace quitando a unos y a otros
el pan que a nadie niega el santo Padre.
Pero tú que borrando sólo escribes,
piensa que aún viven Pedro y Pablo, muertos
por la viña que ahora tú devastas.
Puedes decir: «Tan fijo está mi amor
en quien quiso vivir en el desierto
y fue martirizado por un baile,