La Divina Comedia
La Divina Comedia Aquel es el más bajo, el más sombrÃo,
y el lugar de los cielos más lejano;
bien sé el camino, puedes ir sin miedo.
Este pantano que gran peste exhala
en torno ciñe la ciudad doliente,
donde entrar no podemos ya sin ira.»
Dijo algo más, pero no lo recuerdo,
porque mi vista se habÃa fijado
en la alta torre de cima ardorosa,
donde al punto de pronto aparecieron
tres sanguinosas furias infernales
que cuerpo y porte de mujer tenÃan,
se ceñÃan con serpientes verdes;
su pelo eran culebras y cerastas
con que peinaban sus horribles sienes:
Y él que bien conocÃa a las esclavas
de la reina del llanto sempiterno
Las Feroces Erinias —dijo— mira:
Meguera es esa del izquierdo lado,
esa que llora al derecho es Aleto;
Tesfone está en medio.» Y más no dijo.
Con las uñas el pecho se rasgaban,
y se azotaban, gritando tan alto,
que me estreché al poeta, temeroso.
«Ah, que venga Medusa a hacerle piedra
—las tres decÃan mientras me miraban—
malo fue el no vengarnos de Teseo.»