La Divina Comedia
La Divina Comedia que aquello que la Iglesia guarda, todo
es de la gente que por Dios lo pierde;
no de parientes ni otros más indignos.
Es tan blanda la carne en los mortales,
que allá abajo no basta un buen principio
para que den bellotas las encinas.
Sin el oro y la plata empezó Pedro,
y con ayunos yo y con oraciones,
y su orden Francisco humildemente;
y si el principio ves de cada uno,
y miras luego el sitio al que han llegado,
podrás ver que del blanco han hecho negro.
En verdad el Jordán retrocediendo,
más fue, y el mar huyendo, al Dios mandarlo,
admirable de ver, que aquà el remedio.»
Asà me dijo, y luego fue a reunirse
con su grupo, y el grupo se juntó;
después, como un turbión, voló hacia arriba.
Mi dulce dama me impulsó tras ellos
por la escalera sólo con un gesto,
venciendo su virtud a mi natura;
y nunca aquà donde se baja y sube
por medios naturales, hubo un vuelo
tan raudo que a mis alas se igualase.
Asà vuelva, lector, a aquel devoto
triunfo por el cual lloro con frecuencia
mis pecados y el pecho me golpeo,