La Divina Comedia
La Divina Comedia de igual modo acrecientan mi confianza,
como hace al sol la rosa cuando se abre
tanto como permite su potencia.
Te ruego pues, y tú, padre, concédeme
si merezco gracia semejante,
que pueda ver tu imagen descubierta.»
Y aquél: «Hermano, tu alto deseo
ha de cumplirse allà en la última esfera,
donde se cumplirán todos y el mÃo.
Allà perfectos, maduros y enteros
son los deseos todos; sólo en ella
cada parte está siempre donde estaba,
pues no tiene lugar, ni tiene polos,
y hasta aquella conduce esta escalera,
por lo cual se te borra de la vista.
Hasta allá arriba contempló el patriarca
Jacob que ella alcanzaba con su extremo,
cuando la vio de ángeles colmada.
Mas, por subirla, nadie aparta ahora
de la tierra los pies, y se ha quedado
mi regla para gasto de papel.
Los muros que eran antes abadÃas
espeluncas se han hecho, y las cogullas
de mala harina son talegos llenos.
Pero la usura tanto no se alza
contra el placer de Dios, cuanto aquel fruto
que hace tan loco el pecho de los monjes;