La Divina Comedia
La Divina Comedia y la mayor y la más encendida
de aquellas perlas vino hacia adelante,
para dejar satisfechas mis ganas.
Dentro de ella escuché luego: «Si vieses
la caridad que entre nosotras arde,
lo que piensas habrÃas expresado.
Mas para que, esperando, no demores
el alto fin, habré de responderte
al pensamiento sólo que asà guardas.
El monte en cuya falda está Cassino
estuvo ya en su cima frecuentado
por la gente engañada y mal dispuesta;
y yo soy quien primero llevó arriba
el nombre de quien trajo hasta la tierra
esta verdad que tanto nos ensalza;
y brilló tanta gracia sobre mÃ,
que retraje a los pueblos circundantes
del culto impÃo que sedujo al mundo.
Los otros fuegos fueron todos hombres
contemplativos, de ese ardor quemados
del que flores y frutos santos nacen.
Está Macario aquÃ, y está Romualdo,
y aquà están mis hermanos que en los claustros
detuvieron sus almas sosegadas.
Y yo a él: «El afecto que al hablarme
demuestras y el benévolo semblante
que en todos vuestros fuegos veo y noto,