La Divina Comedia
La Divina Comedia Así me dijo aquel amor ardiente;
luego añadió: «Muy bien has sopesado
el peso y la aleación de esta moneda;
mas dime si la llevas en la bolsa.»
«Sí —dije , y tan brillante y tan redonda,
que en su cuño no cabe duda alguna.»
Luego salió de la luz tan profunda
que allí brillaba: «Esta preciosa gema
que de toda virtud es fundamento,
¿de dónde te ha venido?» Y yo: «Es la lluvia
del Espíritu Santo, difundida
sobre viejos y nuevos pergaminos,
el silogismo que esto me confirma
con agudeza tal, que frente a ella
cualquier demostración parece obtusa.»
Y después escuché: «¿La antigua y nueva
proposición que así te han convencido
por qué las tienes por habla divina?»
Y yo: «Me lo confirman esas obras
que las siguieron, a las que natura
ni bate el yunque ni calienta el hierro.»
«Dime —me respondió— ¿quién te confirma
que hubiera aquellas obras? Pues el mismo
que lo quiere probar, sin más, lo jura.»
Si el mundo al cristianismo se ha inclinado,
—le dije sin milagros, esto es uno
aún cien veces más grande que los otros: