La Divina Comedia
La Divina Comedia pues tú empezaste pobre y en ayunas
en el campo a sembrar la planta buena
que fue antes vid y que ahora se ha hecho zarza.»
Esto acabado, la alta y santa corte
cantó por las esferas: «Dio Laudamo»
con esas notas que arriba se cantan.
Y aquel varón que así de rama en rama,
examinando, me había llevado,
cerca ya de los últimos frondajes,
volvió a decir: «La Gracia que enamora
tu mente, ha hecho que abrieras la boca
hasta aquí como abrirse convenía,
de tal forma que apruebo lo que has dicho;
mas explicar qué crees debes ahora,
y de dónde te vino la creencia.»
«Santo padre, y espíritu que ves
aquello en que creíste, de tal modo,
que al más joven venciste hacia el sepulcro,
tú quieres —comencé— que manifieste
aquí la forma de mi fe tan presta,
y también su motivo preguntaste.
Y te respondo: creo en un Dios solo
y eterno, que los cielos todos mueve
inmóvil, con amor y con deseo;
y a tal creer no tengo sólo prueba
física o metafísica, también
me la da la verdad, que aquí nos llueve