La Divina Comedia
La Divina Comedia Quieres oír cuánto hace que me puso
Dios en el bello Edén, desde donde ésta
a tan larga subida te dispuso,
y cuánto fue el deleite de mis ojos,
y la cierta razón de la gran ira,
y el idioma que usé y que inventé.
Ahora, hijo mío, no el probar del árbol
fue en sí misma ocasión de tanto exilio,
mas sólo el que infringiese lo ordenado.
Donde tu dama sacara a Virgilio,
cuatro mil y tres cientas y dos vueltas
de sol tuve deseos de este sitio;
y le vi que volvía novecientas
treinta veces a todas las estrellas
de su camino, cuando en tierra estaba.
La lengua que yo hablaba se extingió
aun antes que a la obra inconsumable
la gente de Nembrot se dedicara:
que nunca los efectos racionales,
por el placer humano que los muda
siguiendo al cielo, duran para siempre.
Es obra natural que el hombre hable;
pero en el cómo la naturaleza
os deja que sigáis el gusto propio.
Antes que yo bajase a los infiernos,
I se llamaba en tierra el bien supremo
de quien viene la dicha que me embarga;