La Divina Comedia
La Divina Comedia No dijo a su primer convento Cristo:
"Id y patrañas predicad al mundo";
sino les dio cimientos de certeza;
y ésta sonó en sus bocas solamente,
de modo que luchando por la fe
del Evangelio escudo y lanza hicieron.
Y ahora con bufonadas y con trampas
se predica, y con tal que cause risa,
la capucha se hincha y más no pide.
Mas tal pájaro anida en el capuz,
que si lo viese el vulgo, allí vería
qué indulgencias tendrá confiando en ése:
que en la tierra acrecientan la estulticia,
de tal manera que, sin prueba alguna
de su certeza, corren tras de ellas.
Esto engorda al cebón de San Antonio,
y a otros muchos más cerdos todavía,
que pagan con monedas no acuñadas.
Mas como es larga ya la digresión,
vuelve los ojos a la recta vía,
y se abrevien el tiempo y el camino.
Esta naturaleza tanto aumenta
en número al subir, que no hay palabras
ni conceptos mortales que las sigan;
y si recuerdas lo que se revela
en Danïel, verás que en sus millares
y millares su número se esconde.