La Divina Comedia
La Divina Comedia No hay un chiquillo que corra tan raudo
con la vista a la leche, si despierta
mucho más tarde de lo que acostumbra,
como yo, para hacer mejor espejo
mis ojos, agachándome a las ondas,
que para enmejorarnos van fluyendo;
y en el momento que bebió de aquellas
el borde de mis párpados, creÃ
que redonda se hacÃa su largura.
Después, como la gente enmascarada,
que otra que antes parece, si se quita
el semblante no suyo que la esconde,
asà en mayores gozos se trocaron
las chispas, y las flores, y ver pude
las dos cortes del cielo manifiestas.
¡Oh divino esplendor por quien yo vi
el alto triunfo del reino veraz,
ayúdame a decir cómo lo vi!
Hay arriba una luz que hace visible
el Creador a aquellas crïaturas
que en su visión tan sólo paz encuentran.
Y en circular figura se derrama,
tanto que al sol serÃa demasiado
cinturón con su gran circunferencia.
De un rayo reflejado en lo más alto
del Primer Móvil viene su apariencia,
que de él recibe su poder y vida.