La Divina Comedia
La Divina Comedia pero llegado el tiempo de la gracia,
sin el perfecto bautismo de Cristo,
tal inocencia allá abajo se guarda.
Ahora contempla el rostro que al de Cristo
más se parece, pues su brillo sólo
a ver a Cristo puede disponerte.»
Yo vi que tanto gozo le llovía,
llevada por aquellas santas mentes
creadas a volar por esa altura,
que todo lo que había contemplado,
no me colmó de tanta admiración,
ni de Dios me mostró tanto semblante;
y aquel amor que allí bajara antes
cantando: «Ave María, gratia plena»
ante ella sus alas desplegaba.
Respondió a la divina cancioncilla
por todas partes la beata corte,
y todos parecieron más radiantes.
«Oh santo padre que por mí consientes
estar aquí, dejando el dulce puesto
que ocupas disfrutando eterna suerte,
¿quién es el ángel que con tanto gozo
a nuestra reina le mira los ojos,
y que fuego parece, enamorado?»
A la enseñanza recurrí de nuevo
de aquel a quien María hermoseaba,
como el sol a la estrella matutina.