La Divina Comedia

La Divina Comedia

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más alto a la divina salvación.

Y yo que nunca ver he deseado

más de lo que a él deseo, mis plegarias

te dirijo, y te pido que te basten,

para que tú le quites cualquier nube

de su mortalidad con tus plegarias,

tal que el sumo placer se le descubra.

También reina, te pido, tú que puedes

lo que deseas, que conserves sanos,

sus impulsos, después de lo que ha visto.

Venza al impulso humano tu custodia:

ve que Beatriz con tantos elegidos

por mi plegaria te junta las manos!»

Los ojos que venera y ama Dios,

fijos en el que hablaba, demostraron

cuánto el devoto ruego le placía;

luego a la eterna luz se dirigieron,

en la que es impensable que penetre

tan claramente el ojo de ninguno.

Y yo que al final de todas mis ansias

me aproximaba, tal como debía,

puse fin al ardor de mi deseo.

Bernardo me animaba, sonriendo

a que mirara abajo, mas yo estaba

ya por mí mismo como aquél quería:

pues mi mirada, volviéndose pura,

más y más penetraba por el rayo


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