La Divina Comedia
La Divina Comedia con el valor infinito mi vista.
¡Oh gracia tan copiosa, que me dio
valor para mirar la luz eterna,
tanto como la vista consentÃa!
En su profundidad vi que se ahonda,
atado con amor en un volumen,
lo que en el mundo se desencuaderna:
sustancias y accidentes casi atados
junto a sus cualidades, de tal modo
que es sólo débil luz esto que digo.
Creo que vi la forma universal
de este nudo, pues siento, mientras hablo,
que más largo se me hace mi deleite.
Me causa un solo instante más olvido
que veinticinco siglos a la hazaña
que hizo a Neptuno de Argos asombrarse.
Asà mi mente, toda suspendida,
miraba fijamente, atenta, inmóvil,
y siempre de mirar sentÃa anhelo.
Quien ve esa luz de tal modo se vuelve,
que por ver otra cosa es imposible
que de ella le dejara separarse;
Pues el bien, al que va la voluntad,
en ella todo está, y fuera de ella
lo que es perfecto allÃ, es defectuoso.
Han de ser mis palabras desde ahora,
más cortas, y esto sólo a mi recuerdo,