La Divina Comedia
La Divina Comedia Descendimos así por el derrumbe
de las piedras, que a veces se movían
bajo mis pies con esta nueva carga.
Iba pensando y díjome: «Tú piensas
tal vez en esta ruina, que vigila
la ira bestial que ahora he derrotado.
Has de saber que en la otra ocasión
que descendí a lo hondo del infierno,
esta roca no estaba aún desgarrada;
pero sí un poco antes, si bien juzgo,
de que viniese Aquel que la gran presa
quitó a Dite del círculo primero,
tembló el infecto valle de tal modo
que pensé que sintiese el universo
amor, por el que alguno cree que el mundo
muchas veces en caos vuelve a trocarse;
y fue entonces cuando esta vieja roca
se partió por aquí y por otros lados.
Mas mira el valle, pues que se aproxima
aquel río sangriento, en el cual hierve
aquel que con violencia al otro daña.»
¡Oh tú, ciega codicia, oh loca furia,
que así nos mueves en la corta vida,
y tan mal en la eterna nos sumerges!
Vi una amplia fosa que torcía en arco,
y que abrazaba toda la llanura,
según lo que mi guía había dicho.