La Divina Comedia

La Divina Comedia

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Y aquella frente de tan negro pelo,

es Azolino; y aquel otro rubio,

es Opizzo de Este, que de veras

fue muerto por su hijastro allá en el mundo.»

Me volví hacia el poeta y él me dijo:

«Ahora éste es el primero, y yo el segundo.»

Al poco rato se fijó el Centauro

en unas gentes, que hasta la garganta

parecían, salir del hervidero.

Díjonos de una sombra ya apartada:

«En la casa de Dios aquél hirió—

el corazón que al Támesis chorrea.»

Luego vi gentes que sacaban fuera

del río la cabeza, y hasta el pecho;

y yo reconocí a bastantes de ellos.

Asi iba descendiendo poco a poco

aquella sangre que los pies cocía,

y por allí pasamos aquel foso.

«Así como tú ves que de esta parte

el hervidero siempre va bajando,

—dijo el centauro— quiero que conozcas

que por la otra más y más aumenta

su fondo, hasta que al fin llega hasta el sitio

en donde están gimiendo los tiranos.

La diving justicia aquí castiga

a aquel Atila azote de la tierra

y a Pirro y Sexto; y para siempre ordeña


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