La Divina Comedia
La Divina Comedia No lo suelen hacer los pies que han muerto.»
Y mi buen guÃa, llegándole al pecho,
donde sus dos naturas se entremezclan,
respondió: «Está bien vivo, y a él tan sólo
debo enseñarle el tenebroso valle:
necesidad le trae, no complacencia.
Alguien cesó de cantar Aleluya,
y ésta nueva tarea me ha encargado:
él no es ladrón ni yo alma condenada.
Mas por esta virtud por la cual muevo
los pasos por camino tan salvaje,
danos alguno que nos acompañe,
que nos muestre por dónde se vadea,
y que a éste lleve encima de su grupa,
pues no es alma que viaje por el aire.»
Quirón se volvió atrás a la derecha,
y dijo a Neso: «Vuelve y dales guÃa,
y hazles pasar si otro grupo se encuentran.»
Y nos marchamos con tan fiel escolta
por la ribera del bullir rojizo,
donde mucho gritaban los que hervÃan.
Gente vi sumergida hasta las cejas,
y el gran centauro dijo: « Son tiranos
que vivieron de sangre y de rapiña:
lloran aquà sus daños despiadados;
está Alejandro, y el feroz Dionisio
que a Sicilia causó tiempos penosos.