La Divina Comedia
La Divina Comedia Y él me repuso: «Si sigues tu estrella
glorioso puerto alcanzarás sin falta,
si de la vida hermosa bien me acuerdo;
y si no hubiese muerto tan temprano,
viendo que el cielo te es tan favorable,
dado te habría ayuda en la tarea.
Mas aquel pueblo ingrato y malicioso
que desciende de Fiesole de antiguo,
y aún tiene en él del monte y del peñasco,
si obras bien ha de hacerse tu contrario:
y es con razón, que entre ásperos serbales
no debe madurar el dulce higo.
Vieja fama en el mundo llama ciegos,
gente es avara, envidiosa y soberbia:
líbrate siempre tú de sus costumbres.
Tanto honor tu fortuna te reserva,
que la una parte y la otra tendrán hambre
de ti; mas lejos pon del chivo el pasto.
Las bestias fiesolanas se apacienten
de ellas mismas, y no toquen la planta,
si alguna surge aún entre su estiércol,
en que reviva la simiente santa
de los romanos que quedaron, cuando
hecho fue el nido de tan gran malicia.»
«Si pudiera cumplirse mi deseo
aún no estaríais vos —le repliqué—
de la humana natura separado;