La Divina Comedia
La Divina Comedia Luego de haberme toda desceñido,
como mi guía lo había mandado,
se la entregué recogida en un rollo.
Entonces se volvió hacia la derecha
y, alejándose un trecho de la orilla,
la arrojó al fondo de la escarpadura.
«Alguna novedad ha de venirnos
—pensaba para mí— del nuevo signo,
que el maestro así busca con los ojos.»
iCuán cautos deberían ser los hombres
junto a aquellos que no sólo las obras,
mas por dentro el pensar también conocen!
«Pronto —dijo— verás sobradamente
lo que espero, y en lo que estás pensando:
pronto conviene que tú lo descubras.»
La verdad que parece una mentira
debe el hombre callarse mientras pueda,
porque sin tener culpa se avergüence:
pero callar no puedo; y por las notas,
lector, de esta Comedia, yo te juro,
así no estén de larga gracia llenas,
que vi por aquel oire oscuro y denso
venir nadando arriba una figura,
que asustaría el alma más valiente,
tal como vuelve aquel que va al fondo
a desprender el ancla que se agarra
a escollos y otras cosas que el mar cela,