La Divina Comedia
La Divina Comedia Pero si sales de este mundo ciego
y vuelves a mirar los bellos astros,
cuando decir "estuve allí" te plazca,
háblale de nosotros a la gente.»
Rompieron luego el círculo y, huyendo,
alas sus raudas piernas parecían.
Un amén no podría haberse dicho
antes de que ellos se hubiesen perdido;
por lo que el guía quiso que partiésemos.
Yo iba detrás, y no avanzamos mucho
cuando el agua sonaba tan de cerca,
que apenas se escuchaban las palabras.
Como aquel río sigue su carrera
primero desde el Veso hacia el levante,
a la vertiente izquierda de Apenino,
que Acquaqueta se llama abajo, antes
de que en un hondo lecho se desplome,
y en Forlí ya ese nombre no conserva,
resuena allí sobre San Benedetto,
de la roca cayendo en la cascada
en donde mil debieran recibirle;
así en lo hondo de un despeñadero,
oímos resonar el agua roja,
que el oído ofendía al poco tiempo.
Yo llevaba una cuerda a la cintura
con la que alguna vez hube pensado
cazar la onza de la piel pintada.