La Divina Comedia
La Divina Comedia desde el momento en que mi guía dijo
palabras, por las cuales yo pensaba
que, como sois, se acercaba tal gente.
De vuestra tierra soy, y desde siempre
vuestras obras y nombres tan honrados,
con afecto he escuchado y retenido.
Dejo la hiel y voy al dulce fruto
que mi guía veraz me ha prometido,
pero antes tengo que llegar al centro.»
«Muy largamente el alma te conduzcan
todavía —me dijo aquél— tus miembros,
y resplandezca luego tu memoria,
di si el valor y cortesía aún se hallan
en nuestra patria tal como solían,
o si del todo han sido ya expulsados;
que Giuglielmo Borsiere, el cual se duele
desde hace poco en nuestro mismo grupo,
con sus palabras mucho nos aflige.»
«Las nuevas gentes, las ganancias súbitas,
orgullo y desmesura han generado,
en ti, Florencia, y de ello te lamentas.»
Así grité levantando la cara;
y los tres, que esto oyeron por respuesta,
se miraron como ante las verdades.
«Si en otras ocasiones no te cuesta
satisfacer a otros —me dijeron—,
dichoso tú que dices lo que quieres.