La Divina Comedia
La Divina Comedia que en el cuello tenía una bolsa
con un cierto color y ciertos signos,
que parecían complacer su vista.
Y como yo anduviéralos mirando,
algo azulado vi en una amarilla,
que de un león tenía cara y porte.
Luego, siguiendo de mi vista el curso,
otra advertí como la roja sangre,
y una oca blanca más que la manteca.
Y uno que de una cerda azul preñada
señalado tenía el blanco saco,
dijo: «¿Qué andas haciendo en esta fosa?
Vete de aquí; y puesto que estás vivo,
sabe que mi vecino Vitaliano
aquí se sentará a mi lado izquierdo;
de Padua soy entre estos florentinos:
y las orejas me atruenan sin tasa
gritando: "¡Venga el noble caballero
que llenará la bolsa con tres chivos!"»
Aquí torció la boca y se sacaba
la lengua, como el buey que el belfo lame.
Y yo, temiendo importunar tardando
a quien de no tardar me había advertido,
atrás dejé las almas lastimadas.
A mi guía encontré, que ya subido
sobre la grupa de la fiera estaba,
y me dijo: «Sé fuerte y arrojado.