El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas El carácter de aquellos plateados (tal era el nombre que se daba a los bandidos de esa época) fue una cosa extraordinaria y excepcional, una explosión de vicio, de crueldad y de infamia que no se habÃa visto jamás en México.
AsÃ, pues, el vecindario de Yautepec, como el de todas las poblaciones de la tierra caliente, vivÃa en esos tiempos siempre medroso, tomando durante el dÃa la precaución de colocar vigÃas en las torres de sus iglesias, para que diesen aviso oportuno de la llegada de alguna partida de bandoleros a fin de defenderse en la plaza, en alguna altura o de parapetarse en sus casas. Pero durante la noche, esa precaución era inútil, como lo era el apostar escuchas o avanzadas en la afueras de la población, pues se habrÃa necesitado ocupar para ello a numerosos vecinos inermes que, aparte del riesgo que corrÃan de ser sorprendidos, eran insuficientes para vigilar los muchos caminos y veredas que conducÃan al poblado y que los bandidos conocÃan perfectamente.
Además, hay que advertir que los plateados contaban siempre con muchos cómplices y emisarios dentro de las poblaciones y de las haciendas, y que las pobres autoridades, acobardadas por falta de elementos de defensa, se veÃan obligadas, cuando llegaba la ocasión, a entrar en transacciones con ellos, contentándose con ocultarse o con huir para salvar la vida.