El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Sí, él fue, pero el más correlón de todos. Ni siquiera nos esperó, de modo que cuando nosotros llegamos a Alpuyeca, ni su luz del Zarco. En vano quisimos darle alcance. Luego que hizo su robo, apenas se detuvo a recoger a los heridos y se largó precipitadamente, de modo que no dimos ni con su rastro. En ningún pueblo ni rancho de los que atravesamos en su persecución pudieron darnos razón de él, sea que no hubiera pasado por allí o sea que tenga en todas partes cómplices, lo cual es más probable. El caso es que no pudimos continuar con nuestra caballería en aquellos montes tan escabrosos.
—Pero, entonces, señor comandante —preguntó el prefecto con malignidad—, ¿a quién cogieron ustedes por fin, porque acaba de decirme que dejaron a algunos colgados en los árboles?