El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Por aquel tiempo y en aquellas comarcas, tales hechos no eran, por desgracia, sino muy frecuentes. Los bandidos reinaban en paz, pero, en cambio, las tropas del gobierno, en caso de matar, mataban a los hombres de bien, lo cual les era muy fácil y no corrían peligro por ello, estando el país de tal manera revuelto y las nociones de orden y moralidad de tal modo trastornadas, que nadie sabía a quien apelar en semejante situación.
Las autoridades locales eran autoridades de burlas en las poblaciones y cualquier militarcillo, por inferior que fuese, se atrevía a ultrajarlas y humillarlas.
El infeliz magistrado de Yautepec no pudo hacer otra cosa que reunir al Ayuntamiento, que se reunió, en efecto, con gran temor, no sabiendo qué deliberar. Además, el prefecto envió inmediatamente aviso al administrador de la hacienda de Atlihuayan, quien en el acto montó a caballo y se dirigió a galope a Yautepec, acompañado de los dependientes principales de la hacienda, con el objeto de procurar la libertad del honrado herrero.