El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Si yo hubiera sabido que ustedes venĂan para acá, a esta hora, crea usted don Nicolás, que me habrĂa yo llevado a estos picaros para otra parte; pero no lo sabĂa. Lo que si sabĂa yo, y por eso me tiene usted aquĂ, es que lo esperaban a usted estos malvados con su gente, y que se ha escapado usted de buena. Lo supe a tiempo, anduve diecisĂ©is leguas, y les di un albazo esta mañana, por aquĂ cerca…; los he matado a casi todos, pero vengo a colgar a los capitanes en este camino; al Zarco aquĂ, al Tigre lo voy a colgar en Xochimancas.
—Pero don MartĂn, yo le ruego a usted por quien es… que si puede, perdone a este hombre, siquiera por esta pobre mujer.
—Don Nicolás —respondiĂł ceñudo el comandante—, usted es mi señor, usted me manda, por usted doy la vida, pĂdamela usted y es suya, pero no me pida que perdone a ningĂşn bandido y menos a estos dos… Señor, usted sabe quienes son…; asesinos como Ă©stos y plagiarios no los hay en toda la tierra. ¡Si no pagan con una vida…! ¡Y lo iban a matar a usted…!, ¡lo habĂan jurado! ¡Y se iban a robar a la señora, a su esposa de usted…! Ése era el plan. ¡Conque dĂgame si es posible que yo los deje con vida! Señor don Nicolás, siga usted su camino con todos estos señores, y dĂ©jeme que yo haga justicia.