El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas »En cuanto a mí, señor, vivo feliz cuanto puede serlo un hombre en medio de gentes que me aman como a un hermano; me creo muy recompensado de mis pobres trabajos con cariño, y tengo la conciencia de no serles gravoso, porque vivo de mi trabajo, no como cura, sino como cultivador y artesano; tengo poquísimas necesidades y Dios provee a ellas con lo que me producen mis afanes. Sin embargo, sería ingrato si no reconociese el favor que me hacen mis feligreses en auxiliar mi pobreza con donativos de semillas y de otros efectos que, sin embargo, procuro que ni sean frecuentes ni costosos, para no causarles con ellos un gravamen que justamente he querido evitar, suprimiendo las obvenciones parroquiales, usadas generalmente.»
—¿De manera, señor cura —le pregunté— que usted no recibe dinero por bautizos, casamientos, misas y entierros?