El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas »Además, ellos han tenido ocasión, todos los dÃas, de conocer la sinceridad de mis consejos, y esto me ha servido muchÃsimo para lograr mi principal objeto, que es el de formar su carácter moral; porque yo no pierdo de vista que soy, ante todo, el misionero evangélico. Sólo que yo comprendo asà mi cristiana misión: debo procurar el bien de mis semejantes por todos los medios honrados; a ese fin debo invocar la religión de Jesús como causa, para tener la civilización y la virtud como resultado preciso; el Evangelio no sólo es la Buena Nueva desde el sentido de la conciencia religiosa y moral, sino también desde el punto de vista del bienestar social. La bella y santa idea de la fraternidad humana en todas sus aplicaciones, deben encontrar en el misionero evangélico su más entusiasta propagandista; y asà es como este apóstol logrará llevar a los altares de un Dios de paz a un pueblo dócil, regenerado por el trabajo y por la virtud; al campo y al taller, a un pueblo inspirado por la idea religiosa que le ha impuesto, como una ley santa, la ley del trabajo y de la hermandad.»
—Señor cura —volvà a decir, entusiasmado— ¡usted es un demócrata verdadero!
El cura me miró sonriendo a la luz de la primera fogata que los alegres vecinos habÃan encendido a la entrada del pueblo y que atizaban a la sazón tres chicuelos.