El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Un rÃo apacible de linfas transparentes y serenas, que no es impetuoso más que en las crecientes del tiempo de lluvias, divide el pueblo y el bosque, atravesando la plaza, lamiendo dulcemente aquellos cármenes y dejándose robar sus aguas por numeroso apantles que las dispersan en todas direcciones. Ese rÃo es verdaderamente el dios fecundador de la comarca y el padre de los dulces frutos que nos refrescan, durante los calores del estÃo, y que alegran las fiestas populares en México en todo el año.
La población es buena, tranquila, laboriosa, amante de la paz, franca, sencilla y hospitalaria. Rodeada de magnÃficas haciendas de caña de azúcar, mantiene un activo tráfico con ellas, asà como con Cuernavaca y Morelos, es el centro de numerosos pueblecillos de indÃgenas, situados en la falda meridional de la cordillera que divide la tierra caliente del valle de México, y con la metrópoli de la República a causa de los productos de sus inmensas huertas de que hemos hablado.
