El Zarco
El Zarco —SÃ, la mostraremos —replicó indignado el prefecto—, si las tropas del gobierno en lugar de perseguir a esos bandidos, pues para eso les pagan, no se emplearan en perseguir a los hombres de bien. Se le ha ofrecido a usted el auxilio de hombres de aquà para perseguir a los plateados y usted no ha querido y precisamente ése es el delito por el que lleva usted preso a ese honrado sujeto.
—Bueno, bueno —dijo el comandante—, pues ya veremos quién tiene razón; sÃganme ustedes a donde quieran, que lo mismo me da… Y mandó continuar la marcha.
El prefecto siguió aliado de la columna de caballerÃa, pero Nicolás pudo ya estar seguro de que nada le sucederÃa.
Asà caminaron toda la tarde, y ya bien entrada la noche llegaron a Cuautla, en donde el prefecto de Yautepec fue a hablar a su colega del distrito de Morelos y a poner en juego todas sus relaciones con el objeto de lograr la libertad del herrero.