El Zarco
El Zarco —Pero usted anda siempre solo, Nicolás —dijo la señora—, y eso es una temeridad.
—Cuando puedo me acompaño, por ejemplo, cuando tengo que ir a una hacienda algo lejana…, pero para venir aquà no creo que haya necesidad de compañÃa. Pero a todo esto, lo que más me importa es tratar de la salida de ustedes. DecÃa yo que la fuerza que venÃa a Yautepec se entretiene hoy en perseguir a los asaltantes del camino de Alpuyeca, que ya estarán en sus guaridas. Por consiguiente, la fuerza regresará a Cuernavaca y saldrá después para acá. Es tiempo de aprovechar la ocasión y pueden ustedes prepararse para la marcha.
—Ya se ve —dijo la señora— y desde luego vamos a alistarnos. Gracias, Nicolás, por la noticia, y espero que usted venga a vemos como siempre para comunicamos algo nuevo y para que me haga usted el favor de quedarse con mis encargos… ¡no tengo hombre de confianza más que usted!
—Señora, ya sabe usted que estoy a sus órdenes en todo, y que puede usted ir tranquila respecto de sus cosas, pues me quedo aquÃ.