El Zarco
El Zarco Por fin, al dar vuelta un recodo del camino, los árboles fueron siendo más raros, las malezas más pequeñas, el sendero se ensanchaba y era menos áspero, parecÃa que la colina ondulaba suavemente y todo anunciaba la proximidad de la llanura. Luego que el jinete observó este aspecto menos salvaje que el que habÃa dejado atrás de él, se detuvo un instante, alargó la pierna que traÃa cruzada, se estiró perezosamente, se afirmó en los estribos, examinó con rapidez las dos pistolas que traÃa en la cintura y el mosquete que colgaba en la funda de su silla, al lado derecho y atrás, como se usaba entonces; después de lo cual desenredó cuidadosamente la banda roja de lana que abrigaba su cuello, y volvió a ponérsela, pero cubriéndose con ella el rostro hasta cerca de los ojos.
Después se desvió un poco del camino y se dirigió a una pequeña explanada que allà habÃa, y se puso a examinar el paisaje.