El Zarco
El Zarco Y continuó marchando hasta llegar cerca de la población de Yautepec. Allà dejó el camino real y tomó una veredita que conducÃa a la caja del rÃo que atraviesa la población. Después siguió por toda la orilla meridional hasta una pequeña curva en que el rÃo, después de encajarse entre dos bordes altos y llenos de maleza, de cactos y de árboles silvestres, desemboca en un terreno llano y arenoso, antes de correr entre las dos hileras de extensas y espesÃsimas huertas que lo flanquean en la población.
Allà la luna daba de lleno sobre el campo, rielando en las aguas cristalinas del rÃo, y a su luz pudo verse perfectamente al jinete misterioso que habÃa bajado de la montaña.
Era un joven como de treinta años, alto, bien proporcionado de espaldas hercúleas y cubierto literalmente de plata.