El Zarco
El Zarco —Bueno, pues que siguió diciendo que esa caballerÃa del gobierno no cogerá a ninguno, y que volverá a tomar la dirección de Yautepec para continuar su marcha. Que entonces podrÃamos aprovechar la oportunidad para irnos con la tropa.
—¿Ustedes?
—SÃ, nosotras, y mi madre dijo que le parecÃa buena la idea; que nos Ãbamos a disponer para irnos, y aun encargó al herrero que viniera mañana para traerle nuevas noticias y para dejarle sus encargos.
—¡Ah, caramba!, ¿de modo que es de veras?
—Muy de veras, Zarco, muy de veras. Tiene mi madre tal miedo, que, no lo dudes, va a aprovechar la ocasión, y ya me dijo que vayamos disponiendo nuestros baúles con lo más preciso; que irá mañana a pedirle a una persona su dinero que le tiene guardado, y nos vamos.
—¡Imposible! —exclamó el bandido con violencia—, ¡Imposible! Se irá ella, pero tú no; primero me matan.
—Pero, ¿cómo hacemos entonces?
—Niégate.