El Zarco
El Zarco Después metió cuidadosamente en el saco las cajas que acababa de darle el Zarco, y enterró de nuevo el tesoro, cubriéndolo con musgo y haciendo desaparecer toda señal de haberse removido el suelo.
Luego, como sintiendo abandonar aquella riqueza, alzó su linterna sorda y se dirigió a la casa de puntillas, entrándose en las habitaciones en que la pobre señora, a pesar de las inquietudes del día, dormía con el tranquilo sueño de las conciencias honradas.