El centenario
El centenario LA escena es en Arenales del Río, y en una sala baja de la casa de Papá Juan. Al fondo, tres arcos airosos que descansan en finas columnas de mármol, dan paso a un jardín florido y alegre. Sobre cada arco cuelga un transparente de esparto o junco. Puertas a derecha e izquierda. Muebles relativamente modernos, ordenados y limpios. Cuadros que revelan buen gusto, colocados con admirable simetría. Zócalo de azulejos. Suelo de mosaico, aljofifado y reluciente. Es por la mañana, en el mes de mayo.
Por una de las puertas del foro salen Manuel y Carmen Campos, antigua servidora de la casa ella, y cochero él en la actualidad.
MANUEL. Entre usté, Carmen Campos. Aguarde usté aquí, que vi a avisarle a la señora.
CARMEN. Dígale usté que no tengo priesa.
MANUEL. ¿Eh?
CARMEN. Que no tengo priesa.
MANUEL. ¡Ah! Vase por la puerta de la izquierda.
Carmen Campos contempla embobada la habitación.
CARMEN. Se puen comé migas en er suelo. Siempre ha sío como los chorros del oro doña Marsiala.
Vuelve Manuel por donde se marchó.
MANUEL. Ya viene la señora.
CARMEN. Si no tengo priesa.