El sobrino de Dios

(RESUMEN)

El sobrino de Dios

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Cruzó las calles del pueblo, ahora mucho más silenciosas que de costumbre. Las miradas lo seguían, pero ya no eran de adoración ni de esperanza. Eran de duda, de desilusión. Frente a la plaza, Purito subió a la fuente central, atrayendo la atención de los pocos que estaban cerca.

—Escúchenme, por favor —dijo con voz firme—. No soy el sobrino de Dios. No soy un santo, ni un milagro. Soy solo un chico como cualquiera de ustedes.

La gente comenzó a murmurar, pero Purito alzó la mano para pedir silencio.

—Sé que esperaban algo de mí, algo grande. Pero no tengo poderes, ni respuestas. Solo tengo esto —dijo, señalándose el pecho—. Y quiero usarlo para ayudar, pero no como creen.

Desde la multitud, una mujer preguntó: —Entonces, ¿qué piensas hacer?

Purito tomó aire. —Lo que pueda. Si necesitan ayuda, estaré aquí. No prometo milagros, pero haré todo lo que esté en mis manos.

El murmullo de la multitud se calmó, y aunque algunos se marcharon, otros se quedaron, observándolo con una mezcla de curiosidad y respeto. Por primera vez en semanas, Purito sintió que podía respirar.

Este documento es un resumen redactado con fines exclusivamente educativos e informativos. Su contenido ha sido elaborado con palabras propias del autor del resumen y no contiene reproducciones textuales de la obra original. La obra original, titulada 'El sobrino de Dios', es de autoría de Alvaro de Laiglesia y todos sus derechos pertenecen a dicho autor y a sus titulares legales. Esta publicación no busca reemplazar la lectura de la obra original ni afecta su explotación comercial. No se reclaman derechos sobre el contenido original ni se pretende apropiación alguna. Se recomienda encarecidamente la lectura íntegra de la obra original para una experiencia completa. Puedes adquirirla legalmente en Amazon..

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