Corazón
Corazón Mas una noche, en la cena, el padre pronunció una palabra que fue decisiva para él. Su madre le miró y, pareciéndole más demacrado y pálido que de costumbre, le dijo:
—Tú estás malo, Julio —luego, dirigiéndose al padre, añadió—: Nuestro hijo está enfermo. ¿No adviertes su palidez? ¿Qué te pasa, Julito mÃo?
El padre le miró de reojo y dijo:
—La mala conciencia hace que tenga también mala salud. No estaba asà cuando era un chico muy estudioso y un hijo cariñoso.
—¡Pero está malo! —replicó la madre.
—¡No me importa! —replicó el padre.
Aquella palabra fue como una puñalada en el corazón del infeliz muchacho. ¡Ah! ¡No le importaba ya su salud a su padre, que antes temblaba con sólo oÃrle toser! AsÃ, pues, no lo querÃa; habÃa muerto en el corazón de su padre…
«¡No, no!, padre mÃo —dijo entre sà el muchacho oprimido por la angustia—; esto se ha acabado de verdad; yo no puedo vivir sin tu cariño; lo quiero Ãntegro para mÃ; te lo diré todo, no te engañaré más, suceda lo que suceda, padre mÃo, para que vuelvas a quererme. ¡Esta vez estoy del todo decidido!»