Corazón
Corazón —¡Bravo, Robetti! ¡Eres un gran muchacho! ¡Un verdadero héroe! ¡Pobre chico!
Y le enviaban besos al aire. Las maestras y los chicos que se hallaban más cerca de él le besaban las manos y los brazos. El abrió los ojos y murmuró:
—¡Mi cartera!
La madre del pequeñito salvado se la enseñó gimoteando, y le dijo:
—Te la llevo yo, ángel mÃo; te la llevo yo.
Entretanto se mantenÃa en pie la madre del herido, que se cubrÃa el rostro con las manos.
Salieron, acomodaron a Julio en el coche y éste partió. Entonces todos entramos silenciosos en la escuela.