Corazón
Corazón Se trataba de un chico de la segunda, que, yendo a la escuela por la calle de Dora Grossa, al ver caer en medio de la calle, a pocos pasos de un ómnibus que se echaba encima, a un niño de párvulos, que se habÃa soltado de la mano de su madre, corrió en su ayuda, lo cogió y lo puso a salvo, pero sin poder impedir que le pasara por encima de un pie la rueda del ómnibus.
Mientras nos referÃan esto, entró en el zaguán como loca una mujer que se abrÃa paso con decisión entre la gente. Era la madre de Robetti, a la que habÃan llamado. Otra señora salió a su encuentro y, sollozando, le echó los brazos al cuello: era la madre del niño salvado del peligro.
Ambas entraron en el cuarto de la dirección y al punto se oyó un grito desgarrador:
—¡Julio! ¡Hijo de mi alma!
En aquel momento se detuvo un coche delante de la puerta y poco después apareció el señor Director con el chico herido en brazos, que estaba muy pálido y con los ojos cerrados, apoyando la cabeza sobre el hombro del Director.
Todos guardamos silencio absoluto, tan sólo roto por los sollozos de la madre. El señor Director se detuvo un instante y levantó con los dos brazos al muchacho que llevaba para que lo viésemos todos. Los maestros y maestras, los padres y los chicos, exclamamos a una: