Corazón
Corazón Dicen que su madre está enferma de los disgustos que le proporciona, y que su padre lo ha echado ya tres veces de su casa; su madre acude a la escuela de vez en cuando a pedir informes y se va llorando. El odia la escuela, a los compañeros y al maestro. Nuestro maestro finge alguna vez que no ve sus fechorías; pero no por eso se enmienda, sino que, por el contrario, es cada vez peor. Ha intentado corregirle por las buenas, pero él se ríe de lo que le dice o insinúa. Si le dice, regañándole, palabras tremendas, se cubre la cara con las manos como si llorara, pero se está riendo por lo bajo. Estuvo expulsado tres días de la escuela, y volvió más granuja y más insolente que antes. Un día le dijo Derossi:
—Pero hombre, ¿por qué no te enmiendas? ¿No ves que haces sufrir demasiado al señor maestro?
Por toda contestación le amenazó con meterle un clavo en la barriga.
Pero esta mañana hizo que le echaran como a un perro. Mientras el maestro daba a Garrone el borrador del Tamborcillo sardo, el cuento mensual correspondiente a enero, para que lo pusiese en limpio, Franti tiró al suelo un petardo que estalló, haciendo retemblar las paredes. Toda la clase experimentó una sacudida. El maestro se puso en pie y gritó:
—¡Fuera de la escuela, Franti!
El respondió:
—¡No he sido yo! —pero se reía.