Corazón
Corazón Todo parecía haber terminado; pero el albañilito, que está en el primer banco, volviendo su cara redonda hacia Nobis, que se sienta en el último, le hizo la acostumbrada mueca, poniéndole hocico de liebre, con tanta exactitud y gracia, que en toda la clase estalló una sonora risotada. El maestro le regañó, pero tuvo que taparse la boca para ocultar su risa. Nobis también se rió, si bien su risa no pasaba de los dientes.